Encuentros y reencuentros por los caminos de los títeres

Papudo es una palabra aparentemente divertida para una persona no chilena que no la tiene asociada al pequeño poblado costero del norte de la región de Valparaíso. Al menos así nos lo hicieron saber las risas de nuestra querida amiga, la titiritera argentina Laura Ferro, cada vez que escuchaba esa palabra. Desde que comenzamos a gestionar Festivales en el norte de Chile en el año 2013, venimos tratando de organizar algún evento en la V región. Ese año 2016 la magia se dio por primera y única vez y organizamos el I Festival “La Marea de los Títeres” en el verano de ese año. Fue un Festival sumamente pequeño de 4 funciones de 4 Compañías diferentes. Una de ellas era “Vagabundo”. No conocíamos personalmente a César ni a Karen ni tampoco habíamos visto su trabajo. Rompimos de un tirón 2 de nuestras reglas como organizadores. Curar las obras en vivo y conocer personalmente a los y las integrantes de la compañía. Para que no piensen que nos lanzamos al vacío, confiamos en Miguel Oyarzún quien prácticamente puso las manos al fuego por uno de sus discípulos favoritos. Participó con una obra de Alejandro Jodorowski denominada “La fantasma cosquillosa”, que habían rebautizado como “La fantasma de Cantervilla”. Es bastante probable que lo hayamos ido a buscar a la terminal de buses de Viña del Mar. De seguro fue una calurosa mañana de enero. 

Bajaron del bus César y su hijo Joaquín, que en ese momento tendría unos 4 o 5 años. Karen no viajó, así que la conoceríamos recién varios años después en su casa en Chillán. De Viña salimos rumbo norte. Comenzábamos de a poco a destrabar la lengua. Seguramente hablamos de nuestros amigos en común, Miguel y Laura, como para ir agarrando confianza. Así fue que tras una hora de viaje llegamos a la localidad de Ventanas. Allí la mamá de Enrique tiene una casa donde en general dormimos cuando cruzamos la cordillera por el paso Libertadores. Dejamos las maletas en la casa y bajamos al mar. Entre los roqueríos hay una pequeña parte de arena blanca de conchuela, como se le llama. No es arena fina. Enfrente se ve la localidad de Quintero que está en la otra punta de la enorme Bahía que conecta ambas localidades. Sin mucha arena donde hacer playa, los roqueríos siempre nos han ofrecido hermosas opciones a la hora de sortear el calor. Así que nos mandamos directamente a un hermoso pozón donde Joaquín como principal protagonista, y todo el resto de la tropa nos metimos un rato a chapotear. Existe la posibilidad que César no se haya metido. Puede que no haya tenido traje de baño. La memoria se vuelve frágil con ciertos detalles. Así nos la pasamos, charlando relajados en las rocas mirando el horizonte y el cielo y las olas y el profundo azul del Pacífico. Es posible que en aquella ocasión hayamos visto algún lobo de mar o alguna nutria que a veces nos salen a saludar. Al otro día desayunamos y salimos rumbo norte. 

Serpenteando por la ruta costera F-30, pasamos las playas de Maitencillo, La Laguna, Cachagua y Zapallar para llegar a Papudo. Para sorpresa de César y Joaquín seguimos de largo. Unos 10 kilómetros tierra adentro se encuentra la pequeña localidad de Pullally, que pertenece al municipio. Sin mucha dificultad encontramos la escuela Municipal. Allí nos recibieron los niños y niñas de la localidad que participaban en la colonia de verano. En una multicancha cerrada comenzó César a montar su teatrino. Una hora más tarde comenzó a darle vida a sus títeres de guante con deleite nuestro y de los niños y niñas que se reían y participaban. De ahí en más que siempre seguimos en contacto virtual. En agosto del 2021, con ocasión de la realización del III Festival Internacional de Títeres Calama, que por motivos de la pandemia ese año fue nacional, tuvo dentro de los invitados a la Compañía “Vagabundo”. Las cosas de la vida y de la pandemia, nos impidieron asistir presencialmente a dicha ciudad en el norte de Chile. Entonces tuvimos que realizar la preproducción, y la producción concerniente a las compañías, desde nuestro hogar en Capilla del Monte y como siempre hacemos con la Corporación de Cultura y turismo que coorganiza el evento, ellos se hacían cargo de la producción técnica del mismo. En aquella ocasión vimos por segunda vez la obra “La fantasma de Cantervilla”, esta vez de manera virtual. Además nos acompañó un nuevo espectador, nuestro hijo Inti que tenía en ese entonces 2 años. En esa ocasión conoció a los fantasmas, y nos obligó a hacerle un títere “patana” como les llamaba en ese entonces. Nos reencontramos con César recién en febrero del año 2022 en su casa en la Ciudad de Chillán, cuando fuimos a entrevistarlo junto a Karen, a quien por fin conocimos en persona. Motivo de aquel encuentro y de nuestro viaje al sur, Vagabundo nos invitó a ser parte del VII Festival de Títeres de los Ángeles, y a una programación de Títeres en la comuna de Bulnes. Charlamos ya como amigos, con confianza, lo mismo Karen, que seguro sintió la comodidad de César. A estas alturas Joaquín tenía unos 11 años y escuchaba atento los relatos de sus progenitores. Cada tanto nos encontraba la mirada para ofrecernos unos deliciosos chocolatitos tipo bombón que endulzaban aún más la conversación. Aquí les ofrecemos sus palabras, sin chocolate ni cantito sureño. Esperamos que algún que otro recurso literario les haga saborear la dulce oralidad que degustamos aquel día

Su despertar al mundo de los títeres.

La historia de esta compañía Chillaneja, nace en el cuerpo de César Parra, quien en el año 1998 se va a estudiar teatro a Tandil, Argentina. Tandil es una pequeña localidad de la provincia de Buenos Aires, ubicada a unos 400 kms. al sur de la Capital Federal. Esta ciudad vio nacer a uno de los grandes titiriteros andariegos que dio a luz Argentina, Luis Holguín, El Gorrión. Lamentablemente César no conoció al Gorrión ni a los títeres en dicha ciudad. Sería un par de años más tarde, en la ciudad de Mar del Plata donde ve por primera vez en su vida, un espectáculo de títeres. Había viajado a la ciudad para ser parte de un elenco de teatro experimental/antropológico llamado “El galpón de las Artes”. Era el año 2000, comenzaba el milenio y con él la semilla para que César se dedicara finalmente a los títeres. La obra que vio aquel día fue “Juan Romeo y Julieta María” de la compañía “El Chonchón”, que también hace parte de estas titirigrafías, dirigida por el chileno Miguel Oyarzún. Cuenta que ese día por vergüenza, o bien porque en el teatro no se usa, no se acercó a saludar al titiritero que estaba frente a él y que lo había maravillado por completo. No se enteró por tanto que aquel individuo vestido de negro también era chileno. Tampoco sabía en ese momento que unos años más tarde, ese mismo titiritero sería su maestro. Lo que sí sabía es que los títeres le “volaron la cabeza”, comentó con esa frase que se usa en Argentina. Cierta vez, en un entrenamiento con la compañía sufre una lesión en la rodilla. Entonces decide regresar a Chile a tratarse y recuperarse. Al año siguiente, la historia de Argentina traería la debacle del 2001 y el Corralito y César no puede volver.

En Chile decide radicarse en la ciudad de Coelemu a unos 50 kms. de Chillán. Allí comienza a hacer monólogos con un amigo que lo acompañaba con música en vivo. Al poco tiempo se da cuenta que culturalmente en Coelemu no había, y seguramente aún no hay algún movimiento cultural. Entonces se va a vivir a Chillán. En dicha ciudad César comienza a militar en un movimiento anarquista. Con ese movimiento realizaba distintas performances en manifestaciones y marchas. Se nota en cómo lo cuenta que le divertía esa época. Seguramente mientras hablaba recordaba toda la sarta de cosas hilarantes que debe haber realizado en dichas performances. Mientras hablaba se reía sólo. Pero entre toda esa algarabía, y pasión de aquella época la parte racional de César se le colaba por momentos en la conciencia y le repetía cada tanto la pregunta que todo artista se hace y que quisiera nunca tener que hacerse ¿Cómo voy a vivir de esto? “De qué sobrevivimos, no sólo de monólogos vive el hombre” afirmó todavía risueño. En ese momento de incertidumbre acerca del futuro de su bolsillo, de cavilaciones y seguramente con bastante procrastinación, palabra tan de moda, fue que a César le vienen como en un remolino las imágenes de aquella primera función de títeres que vio en Mar del Plata de la Compañía “El Chonchón”. Tras las imágenes vino la idea. ¡Hacer títeres para vivir! Entonces comenzó a construir unos pequeños títeres para vender e intentar ganarse la vida.

Karen por su parte, manifestó que desde muy pequeña tenía interés por crear cosas con sus manos. “Siempre estaba haciendo artesanías, cosas con mis manos” afirmó. Estudiaba trabajo social en los tiempos que César comenzaba a vender sus títeres. Ella también militaba en una organización social y participaba de las mismas marchas y manifestaciones que César. La única gran diferencia era que César era anarquista y Karen militaba en un espacio político orgánico. El día 12 de octubre del año 2001, en un acto que se llevaba a cabo en una población de Chillán, Karen y Cesar se conocieron en el escenario. Ambos eran los presentadores del evento. La organización política de Karen tenía una estructura más formal y vertical en tanto la de César era anarquía pura. Eso fue lo que ocurrió en el escenario. César desordenaba lo que decía Karen y Karen ordenaba lo que desordenaba César. Opuestos complementarios. Atracción inmediata. Cuenta Karen que cuando se bajó del escenario, otros miembros de su partido la increparon por lo poco serio que habían sido las presentaciones. Seguramente no los escuchó ya que seguía sobre las nubes de amor que habían rodeado al escenario. De ese encuentro de dos mundos nació el amor. Al mes siguiente se encontraron en otra actividad en la que estaban presentes nuevamente ambas organizaciones. En esa actividad comenzó su historia de amor. No nos pidan detalles porque no nos los dieron. El decoro pudo más que el morbo. 

Una vez que el amor se instaló en sus vidas, volvió nuevamente la pregunta del millón “De qué vamos a vivir”. Comienzan a pensar y pensar. César nuevamente recuerda la función de Mar del Plata y seguramente exclamó ¡Títeres! A Karen le gustó la idea y se fueron corriendo a la biblioteca de la universidad donde estudiaba Karen a buscar libros de títeres. Buscan y buscan, preguntan a la bibliotecaria, pero todo esfuerzo terminaba en la nada. Seguramente ya con los brazos caídos al costado de sus cuerpos, caminaron con desdén al rincón oscuro, allá donde están los libros escondidos detrás del polvo, en el estante más inalcanzable del edificio donde descansan amontonadas las palabras Allá encontraron los que en ese momento consideraron 2 tesoros, los únicos libros de títeres de toda la biblioteca. Lamentablemente al abrirlos y hojearlos se dieron cuenta que eran libros de títeres, pero más asociados a la educación que al arte. Un poco desilusionados se van arrastrando las patas, con los dos libros en la mochila, a la casa. Con esa ausencia de material didáctico, y sin referentes en la zona, al menos que ellos conocieran, deciden arriesgarse y crear camino al andar. En palabras de César “Todo era cancha, no existía el error, era tirarse con todo”. En ese entonces, agrega Karen “Todo era la estructura, la construcción de los títeres, de la escenografía. Dejando muy poco tiempo a la puesta en escena y el ensayo”. En esos escasos 2 libros tampoco encontraron muchas obras de títeres para representar ya que según dijo César “Había y hay poca o nula dramaturgia chilena de títeres y difícil encontrar obras de títeres de otros países”. Comentaron que las pocas obras que encontraron, no les interesaron para nada. Las dramaturgias que venían en el libro de Hugo y Enrique Cerda, uno de aquellos tesoros perdidos en la biblioteca “Eran leídas hoy, muy inocentes y con una dramaturgia todavía pegada en la moraleja.” 

Entonces se aventuraron a crear una dramaturgia propia en su primer espectáculo que titularon “Toribio”. Este montaje nace intentando romper con esa dramaturgia amarrada a la moraleja. Aborda la temática de la discriminación del desconocido, sin caer en la moraleja explícita. Comenta César que “En ese espectáculo comenzamos a poner cuarta pared en el títere también. Porque al revés que el teatro, el teatro contemporáneo rompe con la cuarta pared. De forma Natural el títere rompe con la cuarta pared y está permanentemente interactuando con el público. Nosotros pusimos una cuarta pared y dejamos de interactuar con el público. Empezamos a experimentar muy intuitivamente el teatro de títeres.” Karen agrega. “Hace 20 años atrás, las imágenes que nosotros teníamos acá de títeres, eran a las chicas que hacían animación con títeres en la fiesta de cumpleaños, donde todo es agite y donde si llegas a tener una historia, no tiene ningún peso dentro de la intervención que ellas hacen.”

Sin encontrar escenarios donde presentarse, tuvieron que transformar la vereda, la peatonal o el parque en su escenario. Ya un par de años antes, César había comenzado a trabajar sólo haciendo calle. Tenía un espectáculo de un gusanito. Cuenta que en ese momento, al menos en la ciudad de Chillán “En la calle no pasaba nada”, directamente no habían artistas callejeros. En esos primeros tiempos, si juntaba 3000 pesos de sombrero, alrededor de 6 dólares para la época, se iba contento para la casa. Sabía que avanzaba con éxito la misión de comenzar a hacer arte callejero en un lugar del mundo donde era totalmente desconocido. Iban a la peatonal, a una plazoleta, a las afueras del mall. Una vez en pareja, y teniendo la perspectiva de salir a actuar a la calle, compraron en una feria un títere bocón. Cuentan que como cuando eran niños, lo abrieron y desarmaron para dejar desnudo el mecanismo de la boca. Luego, copiando ese molde, armaron 2 títeres. Uno cada uno. César creó a Dadá, un personaje que sólo pronunciaba la palabra dadá y Karen creó a Tesina, en honor a la tesis que estaba escribiendo en ese entonces. Payaso blanco y payaso negro. Un clásico. El molde estaba hecho en espuma, por lo que César y Karen usaron el mismo material. Luego pintaron la espuma y así crearon sus 2 primeros títeres. Pronto perfeccionaron la técnica y comenzaron a forrar la espuma. Con estos personajes volvieron a esos mismos espacios públicos que ya había comenzado a preparar César. Poco a poco, la gente se empezó a acostumbrar y a entender el funcionamiento de la gorra y comenzó a irles cada vez mejor. Estuvieron mucho tiempo haciendo Calle, incluso una vez que la compañía se profesionalizó y comenzó a viajar a festivales y organizarlos ellos mismos, seguían haciendo calle por el hecho político que significa actuar para la gente que en otra circunstancia no vería teatro. Actuar para aquellos que no entran a una sala.

Pasaron varios años en que César y Karen no conocieron a ningún titiritero o titiritera. “Del 2001 al 2004 fue toda esta experimentación como si estuviéramos en una isla, sin conocer a nadie.” Esa experimentación también los llevó a organizar un festival de títeres el año 2004. En el año 2002 Cesar ofrece un taller para enseñar las herramientas que había ido descubriendo en este milenario arte de los títeres de manera autodidacta. De ese Taller nacerían dos compañías de títeres que el año 2004 celebrarían junto a ellos la primera edición del festival. El festival se llevó a cabo en la plaza de Chillán Viejo. Cuentan que no tenían experiencia. Nunca habían siquiera participado en un Festival de títeres. Se les ocurrió la idea como excusa para encontrarse y hacer algo en conjunto. En el año 2005 pasó por Chillán Rafael Brozzi de la Compañía Marionautas. En ese momento él era presidente de Unima Chile. César le consiguió algunas funciones. Ese fue el primer acercamiento con una compañía que venía de afuera de la isla. Comenta Cesar que era un enamoramiento. En un principio amaron con fervor a ese primer colega que conocían, aunque poco a poco se fueron dando cuenta que en realidad eran bien distintos, pero compartían algo en común que era muy fuerte en sus vidas, el amor por los títeres.

Ese mismo año 2005 Brozzi los invita al Encuentro nacional de titiriteros que se organizaría unos meses más adelante, en septiembre. César va al encuentro y se da cuenta que habían más titiriteros y titiriteras en el país. Entre los y las colegas que conocen en aquel evento estaba Leonor Guzmán de la Compañía “Kanelo Mágico”. En esas conversaciones, Leo le comenta del festival de Titiriteros Juglares, que se realiza año a año en la provincia de Córdoba, Argentina. Ella había asistido unos años antes y de alguna manera ese festival había sido un antes y un después. Las cosas de la vida hicieron que antes de que cruzaran la cordillera para asistir al festival, visitó la ciudad de Chillán el director de este mítico encuentro, el titiritero Quique Di Mauro. Llegó a su casa con un amigo mago y otro colega. Directamente llegaron a vivir a la casa. Cuentan que en esas noches surrealistas, Quique los deja invitados al Festival Juglares. 

Ya habiendo cruzado la cordillera y en medio de la algarabía del “Juglares”, César conoce finalmente tras largos periplos, a aquel titiritero que vio en Mar del Plata y que lo hizo dedicarse a este arte, Miguel Oyarzún. Conocieron mucha gente en aquel Juglares. Se sintieron muy acogidos, se sintieron parte de esa gran familia titiritera argentina. Tanto les gustó que a los pocos meses se instalaron a vivir en Córdoba. Karen estudiaría un posgrado en trabajo social y César estudió títeres de guante con Miguel Oyarzún. Karen no terminó finalmente el posgrado, pero si estudiaron ambos, sobretodo César durante dos años con Miguel. En el año 2006 bajo la tutela de Miguel, César estrena su primer solista en títere de guante “latinos absurdos” 3 obras del teatro del absurdo de distintos teatristas latinoamericanos. De ahí en más la compañía vuelve a Chillán, donde está radicada hasta el día de hoy y comienza la etapa de profesionalización. En dicha ciudad de residencia, la compañía ha creado varios montajes de manera integral, los que han llevado a representar a Chile en importantes Festivales internacionales en distintas ciudades de Chile, y el extranjero. 

Dentro de la profesionalización de la compañía, también se profesionaliza el Festival que organizaron de manera tan intuitiva el año 2004. A partir del año 2005 fueron sucesivamente creciendo en cantidad de compañías y funciones. Fueron aprendiendo al andar. En un principio el Festival se llamó “Ñubletíteres” y se realizaba de manera itinerante. Cuentan que realizaban 2 o 3 funciones de distintas compañías en cada uno de los pueblos que querían ser parte del evento. El año 2008 el festival pasó a llamarse Surtíteres y comenzaron a probar el formato de trabajar con una sede principal y otras subsedes. Así comentan que se vincularon con otras ciudades más grandes como Los Ángeles y Concepción, ciudad donde también trabajaron en red con la Compañía “Los Fantoches”, que después siguió vuelo organizando su propio Festival. Asimismo hicieron lo propio en la ciudad de Los Ángeles, en un principio siendo una sub-sede, para luego tener directamente un festival propio de la ciudad. Este Festival ellos lo producen y curan los espectáculos que participarán. Así lo hicieron cuando nos invitaron a ser parte el año 2021 del VII Festival de Títeres de Los Ángeles. El año 2019 fue el último año que se realizó el festival “Surtíteres” ya que en el 2020 sobrevino la pandemia. Hasta esa fecha el Festival realizó 14 ediciones en las que participaron transitado más de 40 Compañías. Cuentan que intentaron propiciar siempre el encuentro y el intercambio entre los y las colegas. Así mismo siempre plantearon que el Festival tuviera un carácter democratizador, por lo que muchas de las funciones se realizaban de manera gratuita en distintos espacios públicos. Afirman con convicción que tras 3 años de receso, esperan volver con toda la energía este año 2024 para volver a llenar de títeres la región de Ñuble ¡Esperamos que así sea!